¿Qué sucede cuando alguien que ya obtuvo su licencia de conducir, no puede salir a manejar a la calle? ¿Por qué se interrumpe el proceso de aprendizaje y no se puede seguir progresando? ¿Por cuestiones subjetivas (miedos, inhibiciones)? ¿Por fallas en el método de enseñanza? Posiblemente haya una combinación de estas cuestiones.
Cuando hablamos de miedo a manejar, la lógica, la práctica y la experiencia adquirida, dejan su espacio a la sensación de pérdida de control y a la idea de no ser capaz de desenvolverse con solvencia en el tránsito, invadidos por creencias negativas y apocalípticas que no tienen correlato con la realidad.
A partir de mi formación profesional y articulando aportes de la psicología y la pedagogía me aboqué a diseñar un proceso práctico que tuviera en cuenta todas las variables. El objetivo principal del proceso no es entonces lograr destreza o habilidad en el manejo, sino que esto se logrará como consecuencia de la pérdida del miedo, lo cual es el eje central de todos los encuentros con las personas que atraviesan este proceso.
Cabe destacar que si bien creé un dispositivo con un diseño más o menos estructurado, resulta fundamental no perder de vista la singularidad de cada pasante (pasante: persona que atraviesa por el proceso de pérdida del miedo a conducir), en consecuencia también es diferente el tipo de orientación, intervención o contención que se puede llegar a brindar en cada caso.