Existen diversas causas predisponentes para la adquisición del miedo a manejar. Un origen habitual es el trauma. Por ejemplo, en muchos casos el temor a volar se desarrolla luego de un mal vuelo, es decir, de una mala experiencia, del mismo modo, el temor a manejar puede desarrollarse luego de un serio accidente automovilístico. No obstante, muchas de las personas con miedo a manejar no han presentado experiencias traumáticas propias o de allegados como para afirmar que esta es la causa exclusiva. El tema de los accidentes de tránsito puede ser causa del miedo a través de diversas formas: habiendo experimentado un accidente, siendo conductor, siendo acompañante o también siendo espectador del mismo; de cualquiera de las formas puede llegar a provocar la fobia, siempre y cuando la persona tenga una estructura de personalidad pasible de ser afectada por estos hechos. Como pueden apreciar, el título del presente artículo está escrito en plural, dado que existen diferentes causas para que en una persona se manifieste el temor a conducir en la calle. En general, en un mismo individuo se encontrarán varios motivos confluyendo y provocando el temor a manejar. Todos los motivos argumentados por quienes tienen algún tipo de temor a manejar son situaciones reales que les han sucedido a lo largo de su vida, o cuando han intentado aprender a conducir; sin embargo que esos hechos hayan hecho mella en la persona es por una cuestión de personalidad, depende de la subjetividad de cada uno, ya que tal vez situaciones similares en otras personas no produjeron los mismos efectos. Otra cuestión que es sumamente llamativa es que aproximadamente el 90% de las pasantes que solicitaron mis servicios son mujeres, por lo que se podrían suponer dos cosas: en primer lugar que las mujeres son más propensas a padecer de estos temores; en segundo lugar también se podría pensar que sólo las mujeres piden ayuda para superarlos y que los hombres padecen temores pero que por algún motivo no solicitan ayuda. Lo que se puede rastrear en la mayoría de los casos es que hubo un aprendizaje tardío, es decir que no aprendieron desde pequeñas o adolescentes, que comenzaron a aprender a conducir después de los veinticinco años aproximadamente. Este motivo, si bien no tendría que ser invalidante para ningún aprendizaje, condiciona los tiempos del mismo; no se aprende de la misma forma ni al mismo ritmo cuando la persona es más joven, más aún no se consideran de la misma manera los riesgos del tránsito en la adolescencia tardía que en la adultez. Aquí podemos observar que confluyen en la misma causa dos variables que condicionan el aprendizaje, una es la variable biológica desde un matiz claramente neurológico, la capacidad de adquisición de nuevas destrezas o habilidades físicas, muy importantes a la hora de conducir, que se presentan como coordinación viso motora; y otra es una variable estrictamente psicológica, la capacidad de ponderación de los riesgos que se toman en todo nuevo emprendimiento, es decir que la adolescencia, cuando la mayoría de las personas aprenden a manejar, es una etapa en la cual los jóvenes creen que todo lo pueden, que nada malo les va a ocurrir. Otra cuestión que aparece con frecuencia es cierto menosprecio hacia las capacidades de las mujeres para la conducción de automóviles, que puede provenir de la sociedad en general, de su familia de origen, o de la pareja. Está instalada en buena parte de la sociedad que las mujeres “no saben manejar”, es común escuchar en la vía pública, a modo de improperio hacia las mujeres que conducen, la frase “andá a lavar los platos”, expresión machista que intenta expresar que al sexo femenino le correspondería esa actividad y no conducir. Este tipo de comentario que se viene escuchando desde varias generaciones atrás, está instalada en el imaginario social y resuena en forma negativa en algunas mujeres. Retomando la cuestión del machismo es común encontrarnos con relatos de pasantes que cuentan que sus padres enseñaron a conducir a los hijos varones pero no a sus hijas; también se puede escuchar que los padres llegan a pagar un curso de manejo a sus hijas pero aclarándoles que nunca les prestarían el auto. En estos casos son los mismos progenitores quienes se encargan de socavar la autoestima y la seguridad de aquellas personas que desean aprender a manejar. Lo que acabo de relatar lo encontramos repetido casi con exactitud en las parejas de estas mujeres; es claro que continúa existiendo en nuestra sociedad un comportamiento y tendencia machista, por lo menos en lo que a este tema se refiere. Nuestro país está a la cabeza en las estadísticas de muertes por accidentes de tránsito, esto es de conocimiento público; todos los medios periodísticos se encargan de reflejar día a día esta realidad, por lo que gran cantidad de personas temen salir a manejar por estos motivos, sienten al tránsito de nuestra ciudad como algo amenazante, y quienes recorremos las calles de la ciudad cotidianamente creemos que no es para menos. El tránsito en Argentina, principalmente en las grandes ciudades, es caótico, los conductores en su mayoría no respetan las leyes de tránsito, es la ley del más fuerte (o del vehículo más grande), todo el mundo está apurado, pareciera que los conductores de nuestra ciudad nacieron sabiendo manejar, ya que nadie puede pensar que existen personas que conducen de otra forma y a otro ritmo, que en la calle puede haber principiantes. Esto es un motivo fundamental que hace que mucha gente tenga temor a manejar en la vía pública. Es común escuchar entre las pasantes, aunque sea de difícil comprobación empírica, que las mujeres son mucho más prudentes que los hombres, y también mucho más respetuosas de las normas en general, en consecuencia de las normas de tránsito. Por lo que se les hace muy complicada la adaptación al tipo de tránsito que circula por la ciudad, donde la mayoría de los conductores son poco propensos a respetar las reglas. Las leyes y normas dan un marco de previsibilidad a las cosas, si no se respetan todo se vuelve imprevisible y esto hace que quienes tienen algún tipo de temor les cueste superarlos. Otra cuestión que puede motivar temores para conducir en la vía pública, son las malas experiencias de aprendizaje. Como decía en el capítulo “El diseño del proceso”, existen diversas formas para aprender a manejar. Sea cual fuere la elegida, todas se basan en un proceso estándar, donde no se tiene muy en cuenta al sujeto del aprendizaje, único e irrepetible. A la persona con cierta tendencia fóbica que no se la puede escuchar o a quien el instructor no puede descubrir sus necesidades, cualquier contratiempo en el proceso de aprendizaje es factible que le produzca el abandono del mismo. Como podemos observar, el nudo de la problemática pasa por el tipo de personalidad de cada sujeto que desea salir a la calle; aquellas personas en quienes están dadas todas las condiciones para que conduzca en la vía pública, seguramente lo hará, no importa el obstáculo que se le interponga en su camino. Pero quienes, debido a su tipo de personalidad, tengan dificultades para aprender esta actividad o sean susceptibles de que aparezcan temores, cualquiera de los motivos antes mencionados, o incluso otros que tal vez aún no alcancemos a vislumbrar, provocará la aparición de las inhibiciones. Hasta la próxima.
Lic. Omar Leonardo Alzugaray
1 comentario:
Este proceso de aprendizaje me ayudó en la generación de confianza, saber que puedo hacer y avanzar. A la vez " la calle " es un estadío de comunicación donde tengo que dar señales, seguir las indicaciones y tener respeto por todos los que transitamos. Gracias !!
Publicar un comentario